En cada escaparate, cada cartel, cada maniquí, convive una versión editada de lo humano junto a la persona real que pasa, mira o se detiene frente a ella. La publicidad no vende solo productos: vende cuerpos sin poros, sonrisas sin esfuerzo, infancias ya adiestradas para mirar una pantalla. Esta serie parte de una pregunta simple que se complica en cuanto se mira de cerca: si existe un original y una copia, ¿cuál es cuál?

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